¡Ay, qué mayor me estoy haciendo! Las pelis de antes eran películas amables y a la
vez sinceras, llenas de una sabia profundidad. Ahora se confunde el realismo
con el naturalismo. Aparece todo tal cual, a lo crudo, rotundo y directo
como una bofetada al corazón. Las obras clásicas también relatan situaciones duras, pero utilizan la elipse. Cuentan con la inteligencia del espectador, que
ha de poner el resto. Una elipse puede tener gran poder evocador.
Hoy en día se hace, qué duda cabe buen cine, pero hay demasiada película
kleneex. Te impactan de entrada. Y, sin embargo, dado el regusto amargo con que sales de la sala, tiras su memoria en la primera papelera
que encuentras, junto con la bolsa vacía de palomitas.
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