Opina el filósofo y
alguna vez profesor José Antonio Marina que se debería pagar menos a los
profesores malos. La propuesta no deja de tener su originalidad, e incluso
puede ser atrayente. Pero ¿quién decide cuáles son los profesores buenos y
malos? He ahí la cuestión, ya que es difícil dar unos criterios objetivos sobre
la calidad de una labor educativa.
Además, habría que
pagar también a aquellos que evalúan a los profesores. ¿Y si estos se
equivocan, también cabría la posibilidad de pagarles menos? Montoro debe de
estar feliz: con ese sistema, el Estado se ahorraría un buen puñado de euros.
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